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Resignificar el abandono usando la psicología, vacío interno ⚗️El Arte de Soltar y Ser Soltado 🌌⚛️

Apr 02, 2026
 
 

Vacío interno · Psicología · Individuación · Javier Aragón · 


Pocas palabras generan tanto peso como esta: abandono. La hemos escuchado en terapias, en consultas astrológicas, en conversaciones a medianoche con nosotros mismos. La cargamos en el cuerpo, en los vínculos, en la manera en que elegimos a las personas y en la manera en que las dejamos ir  o no las dejamos. 

Hoy quiero hablar de esa palabra con honestidad. Sin rodeos. Porque hay algo que nadie te dijo sobre el abandono, y cuando lo entiendes de verdad, cambia todo.


 

Lo que nadie te contó sobre las heridas de infancia

Existe una creencia muy arraigada: las heridas de infancia son las que te causaron mamá y papá. Y desde ahí, toda la vida se convierte en una búsqueda de explicaciones, culpas y reparaciones que involucran a otros. [02:07]

Pero vista desde la psicología humanista, desde la individuación de Jung, la historia es distinta. Las heridas de infancia son todas aquellas que se generan por el simple hecho de ser infante. Por haber sido niño. Por haber pasado por ese proceso de crecer en un mundo que era demasiado grande para ti y tú eras demasiado pequeño para entenderlo. [03:39]

Eso significa algo poderoso: todos las tenemos. Sin excepción. Así mamá y papá hayan sido los mejores del mundo, así la vida te hubiera tratado maravillosamente bien el simple hecho de haber sido niño ya generó heridas. De fábrica. Y esas heridas, desde la adultez, nos corresponde asumir y trabajar a nosotros. No a quienes las originaron. [04:04]


 

La pregunta que cambia todo

¿Puede un ser humano abandonar a otro?

Detente un momento con esa pregunta. No la respondas todavía. Siéntela. [07:02]

Hay dos respuestas posibles. Y el punto no es cuál es la correcta  el punto es cuál te nutre, cuál te da salida, cuál te lleva hacia algo. Porque ambas existen, ambas son válidas, y tú eres completamente libre de elegir cuál hacer tuya.

Si eliges el sí que en efecto otra persona tiene la capacidad de abandonarte  ¿a dónde te lleva eso? Te lleva a que el otro te hizo. A que fue tu mamá, tu papá, tu pareja. A que algo tiene que pasar afuera para que esto se te quite. A que esa persona que se fue tiene que arrepentirse, volver, hacer algo. Y mientras eso no ocurra, la pelota sigue en manos de alguien que ni siquiera sabe que la tiene. [08:54]

Si eliges el no que ningún ser humano tiene la capacidad de abandonarte ¿a dónde te lleva eso? La pelota queda en tus manos. Y eso, aunque en un primer momento asusta, es en realidad la mayor liberación posible. [09:41]


 

Por qué nadie puede abandonarte

La razón es sencilla y profunda al mismo tiempo: los seres humanos no somos cosas. No somos objetos. No le pertenecemos a nadie. 

Las cosas tienen dueño. Los animales tienen dueño. Pero las personas no. Nadie posee a otro ser humano. Y si nadie te posee, nadie puede despojarte de ti mismo. Nadie tiene ese poder sobre tu existencia.

Entonces la pregunta se transforma: si nadie afuera puede abandonarme, ¿quién lo hace? [12:58]

Solo hay una persona en tu vida con esa capacidad. Y esa persona eres tú.


 

El abandono que nadie ve: el propio

Este es el punto más incómodo y el más liberador. Nos abandonamos a nosotros mismos todo el tiempo. Sin darnos cuenta. Con pequeñas cosas que parecen insignificantes y que con el tiempo van formando un hueco. [13:54]

Cuando dices "mi vida son mis hijos" y en esa frase no apareces tú, te estás abandonando. Suena hermoso. Suena a entrega total, a amor incondicional. Pero lo que está ocurriendo es que estás reduciendo la expresión de tu yo a otra persona. Y cuando esa persona crezca y se vaya  como debe hacerlo  la sensación será de abandono. No porque ellos se hayan ido, sino porque tú ya no estabas antes de que se fueran. [19:15]

Cuando quieres ir a un lugar pero le preguntas al otro si quiere y, como el otro dice que no, tú tampoco vas  te estás abandonando. [20:44]

Cuando postulaste tus sueños a votación y los demás no los aprobaron, y los dejaste morir ahí  te abandonaste.

Lo vamos haciendo en pequeñas dosis, creyendo que está bien, creyendo que es generosidad. Hasta que un día llegamos a ese punto de vacío donde nos preguntamos dónde estamos. Y la respuesta es que llevamos años sin estar. [21:17]


 

Resignificar no es olvidar. Es asumir.

Resignificar el abandono no significa negar lo que viviste. No es decir que no dolió. No es minimizar experiencias que fueron reales y que dejaron marca. [16:04]

Resignificar es atreverse a darle vuelta a la historia. Es tomar toda esa energía que has gastado durante años sosteniendo el relato de que sí, que en efecto te abandonaron, que tienes razón y que tienes pruebas y preguntarte: ¿y si en lugar de usar toda esa fuerza para defender ese relato, la uso para salir de él? [15:33]

Porque la resignificación no se la puedes dejar a la otra persona. Nadie puede venir a sacarte del lodazal en el que crees que estás. Ni tu expareja, ni tu mamá, ni tu papá. No porque no quieran  sino porque están impedidos. El abandono lo sientes tú. Entonces la solución también te corresponde a ti. [17:25]

Y esto no se asume con rabia ni con resignación amarga. Se asume desde el amor. Desde la aceptación de que a nadie le corresponde venir a resolver tus carencias emocionales. Y esa verdad, aunque duela al principio, te hace libre. [23:30]


 

Construir el búnker

Cuando el cerebro realmente integra esta creencia  no solo la repites de boca, sino que tus células la viven  algo cambia estructuralmente en ti. Te vuelves impenetrable de una manera distinta. No blindado, no cerrado, no defensivo. Impenetrable en el sentido de que nadie puede despojarte de ti mismo porque tú ya no te entregas en esas condiciones. [30:37]

Ya no andas por la vida mirando a cada persona preguntándote si se va a quedar o se va a ir. Ya no mides cada vínculo en función del miedo al abandono. Puedes abrirte, relacionarte, amar  desde la fortaleza de quien sabe que aunque el otro se vaya, tú seguirás estando. Porque aprendiste a no abandonarte.

¿Te quieres quedar? Quédate. ¿Te quieres marchar? Márchate. Y en ambos casos, yo sigo aquí. [32:27]


 

Una pregunta para este momento

¿En qué áreas de tu vida te has estado abandonando sin darte cuenta? ¿Dónde has dejado de elegir por ti para no incomodar al otro? ¿Qué sueño, qué necesidad, qué parte de ti lleva tiempo sin ser vista porque estabas muy ocupado viendo a los demás?

No se trata de culpar a nadie. Se trata de recuperarte. De volver a ti. De reconocer que la única persona que ha tenido el poder de abandonarte eres tú  y que también eres la única que tiene el poder de regresar.

Eso es la resignificación. No un discurso bonito. Una decisión. Tomada desde adentro, sin esperar que nadie más la tome por ti.

 

 

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